Presentación Cuentos

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La casa de Asterión:

La casa de Asterión Escrito por Jorge Luis Borges Publicado en 1949 en el libro El Aleph

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Leemos el cuento... Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía , y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias . Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) 1 están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? 1 El original dice catorce , pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.

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Leemos el cuento... Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba ; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo , aunque mi modestia lo quiera. El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro , porque las noches y los días son largos.

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Leemos el cuento... Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca . A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

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Leemos el cuento... No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

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Leemos el cuento... Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

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Leemos hasta ahí... ¿Cómo se describe la casa de Asterión? ¿Qué hace Asterión en ella? ¿Cómo describirían a Asterión? Teniendo en cuenta sus palabras: “¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”, ¿cómo es físicamente el protagonista?

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Terminamos el cuento... El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. –¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

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¿Quién resulta ser Asterión? ¿Y su casa? ¿Qué es un “redentor”? ¿Por qué el protagonista lo espera? ¿Quién es? ¿Cómo se relaciona esto con el final del cuento? ¿Cuántos narradores hay en el texto? ¿Cómo los reconocieron? ¿Desde qué punto de vista narra cada uno? ¿Por qué Teseo habla del Minotauro y no lo llama “Asterión”?

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Ahora leamos el mito del Minotauro...

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MINOTAURO. Se da el nombre de Minotauro a un monstruo que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre. En realidad, se llamaba Asterio, o Asterión , y era hijo de Pasífae , esposa de Minos, y de un toro enviado por el propio Posidón a este. Minos, asustado y avergonzado al nacer este monstruo, fruto de los amores contranatura de Pasífae, mandó construir al artista ateniense Dédalo, que entonces vivía en su corte, un inmenso palacio (el Laberinto) , formado por un embrollo tal de salas y corredores que nadie, excepto Dédalo, era capaz de encontrar la salida. Allí encerró al monstruo, y cada año –otros dicen que cada tres años, o incluso cada nueve– le daba en pasto a los siete jóvenes y otras tantas doncellas que, como tributo, le pagaba la ciudad de Atenas. Teseo se integró voluntariamente en el número de estos jóvenes y, gracias a la ayuda de Ariadna, consiguió no sólo inmolar al animal, sino hallar el camino de salida del palacio. Esta leyenda conserva el recuerdo de la civilización minoica, que parece haber tenido un culto del toro y palacios inmensos como los encontrados en Cnosos y otras partes por las excavaciones de Evans. El Laberinto es, efectivamente, el “ palacio de la doble hacha ”, símbolo que aparece repetidamente en los monumentos minoicos y que quizá tenga una significación solar . GRIMAL, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana . Buenos Aires, Paidós, 1997.

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Comparando mito y cuento Basándose en el mito y en la imagen: ¿Quién es el héroe en esta versión de la historia? ¿Quién es el villano? ¿Qué características tiene cada uno? Ahora comparen con el cuento de Borges: ¿Quién es aquí el héroe y quién el villano? ¿Cuál es el recurso que permite este cambio de perspectiva?

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La importancia del punto de vista ¿Conocían desde antes el mito del Minotauro? ¿Qué pensaban del Minotauro antes de leer el cuento de Borges? ¿Qué piensan ahora? ¿Qué cosas cambiarían en el cuento si estuviera narrado desde el punto de vista de Teseo? Por ejemplo, ¿cómo sería el título?

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Algunas precisiones teóricas “La casa de Asterión” tiene dos narradores distintos: uno en primera persona protagonista , que nos deja ver el punto de vista y la interioridad de Asterión, generando empatía , y otro en tercera persona focalizado en Teseo, que nos muestra el final de la historia desde un punto de vista externo. El narrador

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El punto de vista Al focalizarse en Asterión, Borges cambia el punto de vista tradicional de la historia, que mostraba a Teseo como el héroe colmado de virtudes y al Minotauro, ser cruel e inhumano. El cuento le da al Minotauro una voz , un nombre , y una subjetividad (sentimientos, pensamientos, opiniones y valoraciones) lo que genera empatía y lo humaniza . El punto de vista es fundamental en el modo en que comprendemos el relato y en el efecto que genera en nosotros.

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Historia y relato “La casa de Asterión” demuestra que, de la misma historia , puede construirse más de un relato , según la perspectiva y los recursos que utilice el autor Historia es la sucesión de acciones en orden cronológico ; es el contenido narrativo que responde a la pregunta: “ ¿Qué pasó? ” El mito del Minotauro y “La casa de Asterión” comparten la misma historia . ¿Cómo la expresarían?

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Historia y relato Relato es el texto que leemos, que resulta de un modo particular de ordenar y presentar las acciones de la historia. Responde a la pregunta: “¿Cómo se lo narra?” Para convertir la historia en relato, el narrador emplea una serie de recursos y estrategias que dependen del efecto que quiere producir. P. ej., el narrador puede alterar el orden en que cuenta los hechos (flashback y anticipaciones), narrarlos desde uno u otro punto de vista , emitir juicios o valoraciones sobre lo que cuenta, utilizar comparaciones o metáforas...

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Historia y relato Si bien la historia del cuento y del mito leídos es la misma, se trata de relatos distintos. ¿En qué se manifiestan estas diferencias? Narrador : 3° persona / 1° persona Punto de vista : Omnisciente / focalizado en Asterión Orden de los hechos relatados Estas diferencias hacen que cada relato provoque una impresión, un efecto distinto en el lector.

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Comparación entre mito y cuento El cuento, al igual que el mito y la leyenda, es una narración breve con introducción, nudo y desenlace que narra sobre personajes y acciones ficticios que pueden o no estar inspiradas en hechos reales El cuento, al igual que el mito y la leyenda, puede ser de origen oral (como p. ej. “Caperucita Roja” y muchos cuentos maravillosos) o, como en este caso, de origen escrito .

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Comparación entre mito y cuento En el cuento, a diferencia del mito y la leyenda, el narrador cobra especial importancia, pues puede incluir sus propias apreciaciones y subjetividad en el relato, y por lo tanto influir en el resultado final y en el efecto que genera en los lectores A veces el narrador incluso participa de la acción, como en “La casa de Asterión” ( 1° persona protagonista )

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Comparación entre mito y cuento El cuento, cuando es de origen escrito, procede de la imaginación de un autor individual, mientras que el mito y la leyenda son de carácter anónimo y se consideran patrimonio de la comunidad El cuento, al ser un texto literario desde su origen, tiene una finalidad artística , poética o de entretenimiento , mientras que el mito tiene un profundo sentido religioso vinculado a las creencias de un pueblo.

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De tarea... Elegir un villano, monstruo o antagonista de la cultura popular y escribir un cuento en 1° persona donde relate su vida Incluir hechos conocidos pero desde otra perspectiva o dándole una justificación novedosa Darle nombre si no lo tiene Darle sentimientos, opiniones, una personalidad Darle un título enigmático al cuento, para que no sea evidente desde el principio de qué personaje se trata

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Ahora leamos un cuento de otro escritor argentino...

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Axolotl Escrito por Julio Cortázar Publicado en 1956 en el libro Final del juego

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Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl. El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

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En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.

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No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban.

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Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas.

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Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida.

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A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

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Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros.

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Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

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¿Conocen este animal? ¿Cómo se lo imaginan? ¿Qué les produce la descripción del axolotl? ¿Ternura, intriga, interés, atracción, fascinación, rechazo, asco? ¿Qué creen que le producen a él los axolotl? ¿Qué es lo que más le atrae de ellos?

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Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

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Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas.

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No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

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Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

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Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió.

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Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

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Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles.

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Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

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Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre.

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Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

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Así es un axolotl. ¿Coincide con la imagen que se habían hecho de él? En caso de que no, ¿por qué?

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¿Qué narrador tiene el cuento? ¿Desde qué punto de vista narra? ¿Por qué el autor eligió contarlo desde ese punto de vista? En otras palabras, ¿qué efecto tiene esa elección en nuestra lectura? (Piensen en la verosimilitud y la empatía.) ¿Cómo cambiaría el cuento si fuera contado desde otra perspectiva? Narrador y punto de vista

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Resuman la historia que cuenta “Axolotl”. ¿Los hechos están contados en orden cronológico? ¿Cómo se maneja el tiempo en el relato? ¿Por qué creen que el autor eligió esta disposición de los hechos? ¿Contribuye a captar la atención del lector, a crear suspenso, a producir sorpresa? ¿Por qué o por qué no? Historia y relato

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Como vimos, el relato no siempre presenta los hechos en orden cronológico. Hay varias formas de alterarlo: Analepsis o flashback: retrospecciones a un momento anterior al presente del relato: “ Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.” Prolepsis o flash forward: prospecciones a un momento posterior: “ Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros , creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.” Manejo del tiempo

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En una narración hay que diferenciar dos tiempos : cuándo ocurrieron los hechos y cuándo se cuentan . Lo más habitual es que los hechos se relaten una vez que han ocurrido y que los tiempos predominantes sean los que indican el pasado . Pero siempre se narra desde un presente , que es el correspondiente al momento en que se realiza el acto de enunciar. Por eso, ambos tiempos conviven en un relato. Manejo del tiempo

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El tiempo en el que el narrador produce su relato se llama presente de la enunciación . El tiempo en que ocurren los hechos narrados se llama presente del enunciado o tiempo de la historia narrada . La distancia entre ambos tiempos es particularmente visible en los relatos en los que la voz del narrador evoca su pasado, con lo cual el grueso del texto constituye el racconto de acontecimientos pasados de su vida, como en “Axolotl”. Manejo del tiempo

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Manejo del tiempo Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl. (…) A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos. (…) Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. (...)

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La enunciación El presente de la enunciación de un relato está vinculado con la situación en la que el narrador cuenta. Se vincula con las siguientes preguntas: ¿Quién cuenta? ¿A quién cuenta? ¿Desde dónde cuenta? ¿En qué momento puntual cuenta? ¿Por qué cuenta? “Axolotl” es muy interesante desde este punto de vista ya que el narrador permamentemente interrumpe su relato (en pasado) para señalar el "aquí y ahora" desde donde cuenta esos hechos vividos anteriormente (en ese caso cambia a tiempo presente).

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La enunciación Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora . Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. (...)

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La enunciación Respondamos ahora las siguientes preguntas: 1) ¿Quién cuenta? (si no aparece el nombre no importa; hay que buscar la forma de nombrarlo, por su profesión, por algún rasgo de su carácter, como sea). 2) ¿Por qué cuenta? 3) ¿Desde dónde cuenta? 4) ¿Cuánto tiempo después de ocurridos los hechos? 5) ¿A quién se dirige? (si fuera un testamento la respuesta sería "a quien quiera saber mi historia". No siempre hay que buscar algo concreto).

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¿A qué género dirían que pertenece el cuento? ¿Por qué? En “La casa de Asterión” también hay hechos y personajes sobrenaturales. ¿Qué lo diferencia de “Axolotl”? ¿Dirían que pertenecen al mismo género? ¿Por qué? El género

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Género fantástico Estamos ahora en condiciones de precisar y completar nuestra definición de lo fantástico. (…) En primer lugar, es necesario que el texto obligue al lector a considerar el mundo de los personajes como un mundo de personas reales, y a vacilar entre una explicación natural y una explicación sobrenatural de los acontecimientos evocados . Luego, esta vacilación puede ser también sentida por un personaje de tal modo que el papel del lector está, por así decirlo, confiado a un personaje y, al mismo tiempo, la vacilación está representada, se convierte en uno de los temas de la obra; en el caso de una lectura ingenua, el lector real se identifica con el personaje. Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica . Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1972, pág. 44

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Género fantástico Así la literatura fantástica quedaría definida como la que presenta en forma de problema hechos a-normales, a-naturales o irreales . Pertenecen a ella las obras que ponen el centro de interés en la violación del orden terreno, natural o lógico , y por lo tanto en la confrontación de uno y otro dentro del texto, en forma explícita o implícita. Barrenechea, Ana María. «Ensayo de una tipología de la literatura fantástica», en Cuentos fantásticos Hispanoamericanos . Buenos Aires, Huemul, 1980, pág. 393.

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Género fantástico ¿Cuál de las dos definiciones se ajusta más a “Axolotl”? ¿Por qué?

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