La figura femenina en la construcción de la identidad.

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La figura femenina en la construcción de la identidad latinoamericana.:

La figura femenina en la construcción de la identidad latinoamericana. LITERATURA E IDENTIDAD 4° MEDIO HUMANISTA Prof. Claudia Salgado

La Conquista:

La Conquista La Conquista trajo: - Desigualdad para el género femenino. - Ubicación de la mujer en los espacios privados. - Construcción de arquetipos (bruja, santa, madre, prostituta) desde la tradición indígena hasta nuestros días.

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas:

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas Comunidades matriarcales y matrilineales (Cuzco, Costas del pacífico frente a Panamá) La mujer tenía un espacio de poder y un rol social activo ( kapullanas o cacicas heredaban el poder de las madres, tallanes, mochicas y huancavelicas practicaban la poliandría)

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas:

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas En la región de Nicaragua eran los hombres los que se ocupaban de la agricultura, la pesca y el hogar; las mujeres se consagraban al comercio. En Yucatán las mujeres se encargaban de vender sus productos en el mercado. allí, se organizaban bailes para mujeres solamente, se embriagaban en los banquetes y hasta llegaban a castigar al marido infiel. El arquetipo de la mujer guerrera alude al mito de las Amazonas , una casta de mujeres que formaban un Estado gobernado por una reina, y que prescindían de hombres ( Warmipukara) .

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas:

La mujer en las civilizaciones pre-colombinas En el Yurupary, un conjunto de leyendas orales de la región amazónica, aparece la confrontación entre un matriarcado y un patriarcado inminente. Yurupary es el profeta del nuevo orden, un joven sabio y esbelto cuyas leyes establecen rituales masculinos y relegan lo femenino del pensamiento simbólico.

La Conquista española:

La Conquista española La conquista española modificó abruptamente los cimientos precolombinos: costumbres, tradiciones, culturas, todo fue alterado, incluyendo el régimen comunitario de la tierra y, obviamente, la situación de las mujeres.

La Conquista española:

La Conquista española Hija del pensamiento occidental, la conquista impuso sus propios criterios: el patriarcado clásico, la idea de que lo público es fundamentalmente distinto de lo privado y lo personal y, por lo tanto, la exclusión de las mujeres de la política y de los derechos de ciudadanía.

La Conquista española:

La Conquista española Para el pensamiento occidental –concretamente para Rousseau– la mujer y lo femenino es naturaleza, pasión, deseo que amenaza el mundo racional masculino; la maternidad con sus virtudes conjura el peligro y dignifica a las mujeres al convertirlas en madres de ciudadanos. La familia y la Iglesia actuaron como instituciones garantes del mantenimiento y modernización del orden patriarcal.

Después de la Conquista española:

Después de la Conquista española Se inculca la autoridad del padre (patriarcado). Se propaga el valor de la virginidad como elemento de dominación sexual. Para el pensamiento occidental, el mundo femenino ha estado vinculado culturalmente a la condición de naturaleza, deseo y pasión , en contraposición al universo racional masculino. Es en las culturas americanas en donde proliferaron diosas madres : la Virgen –cristiana, indígena o sincrética– se ha transformado en la fundadora de los procesos de independencia y en protectora de las repúblicas.

Arquetipos:

Arquetipos La figura de Cristo queda desplazada, la mujer es la fuerza creadora: la virgen es una figura que no tiene poder público, sino que está a la sombra (es la que cuida a Jesús) y, por lo tanto, está del lado de los pobres, de los oprimidos y los puede proteger; es un referente de identidad colectiva.

Arquetipos:

Arquetipos Latinoamérica remite a la figura protectora de la madre , afectiva y contenedora, y se liga con el mito de la mujer como ser más sensible y emotivo que el varón. Se relaciona con las figuras femeninas diosas de la tierra: Tonantzin, Pachamama, Coatlicue. La fusión entre ambos mundos dio figuras de potente raigambre, como la virgen de Guadalupe (México), del Carmen (Chile), de Itatí (Paraguay), entre otras. Según Octavio Paz, el fenómeno de vuelta a la entraña materna es sin duda una de las causas determinantes de la rápida popularidad del culto a la virgen.

Arquetipos:

Arquetipos Virgen de Guadalupe (México), del Carmen (Chile), de Itatí (Paraguay) La figura de la madre como alegoría latinoamericana es muy potente, y está disociada del cuerpo erótico, centrada en la crianza y la protección: es la solidaridad, la acogida, el afecto. Ese poder femenino tiene que ver con las corrientes subterráneas asociadas a lo sobrenatural, a la reproducción y a la madre tierra. En la cosmovisión mapuche, el concepto de la ñuke mapu , equivalente a la madre tierra, que ancestralmente es una figura femenina y masculina al mismo tiempo, cada vez privilegia más la dimensión femenina, en el sentido de la Pachamama

Arquetipos:

Arquetipos Bruja, madre, santa, prostituta: los arquetipos de la mujer se han proyectado desde la tradición indígena hasta nuestra sociedad contemporánea.

Mujer bruja:

Mujer bruja La asociación ancestral de la mujer con lo sobrenatural : tiene que ver con su poder sobre la vida y la muerte, con la creación y la fertilidad. Por otro, se la relaciona con ciertos mitos lunares ligados a temáticas sexuales: mujeres perversas convertidas en brujas, vinculadas con las fuerzas de las tinieblas, seres demoníacos convertidos en mujeres atractivas y extrañas que –como la diosa Achalay– seducen a los hombres.

Mujer prostituta:

Mujer prostituta El tópico de la mujer ligada a lo sexual como destructivo e inmundo –eco del mito bíblico de Lilith–, que transforma la creación en destrucción está, sin embargo, asociado a una figura femenina imprescindible históricamente: la prostituta .

Mujer madre :

Mujer madre Aquellos arquetipos de la mujer remiten al más originario de la “Gran Madre bivalente que refleja la represión parcial de los instintos y la censura de las funciones sexuales”. Su principal característica es su gran amor, su amparo, su comprensión y cariño hacia sus hijos e hijas. Ej. María Regla (Cecilia Valdés)

Mujer santa o virgen:

Mujer santa o virgen La mujer posee las características de la virgen María. Es pura, sumisa, espiritual, angelical. Es capaz de sacrificarse por los demás, incluso, puede llegar a dar la vida a cambio de la salvación de los otros. Ej. María de Jorge Isaacs

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Cecilia Valdés o la Loma del Ángel. Cirilo Villaverde

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CECILIA VALDÉS (Cirilo Villaverde) Cuarta parte. Capítulo VII. ...Volado había el tiempo con inconcebible rapidez. A fines de agosto tuvo Cecilia un hermosa niña, suceso que antes de alegrar a Leonardo, parece que le hizo sentir todo el peso de la grave responsabilidad que se había echado encima en un momento de amoroso arrebato. Aquella no era su esposa, mucho menos su igual. ¿Podría presentarla sin sonrojo, a pesar de su belleza, en ninguna parte? No había descendido tanto todavía por la cuesta suave del vicio, que hiciese del sambenito gala. Se desvanecía, sin duda, la ilusión de fácil posesión del objeto codiciado que consistía tan solo en la cualidad deleznable antes mencionada. Al amor hizo en breve lugar la vergüenza. Tras esta debía presentarse luego el arrepentimiento, y se presentó al galope, mucho antes de lo que era de esperarse, supuestas las condiciones de alma fría y moral laxa de que había dado pruebas el joven Gamboa. Con los primeros síntomas del cambio no tardó Cecilia en descubrirlo con dolor; en pos vino el tropel de los celos a complicar la situación de las cosas. A los tres o cuatro meses de unión ilícita fueron menos frecuentes las visitas de Leonardo a la casa de la calle Damas. ¿De qué valía que él colmase de regalo a la querida, que se adelantase a todos sus gustos y sus caprichos, si era cada vez más frío y reservado con ella, si no mostraba orgullo ni alegría por la hija, si no pudo lograr jamás que trocara siquiera por una noche la casa de sus padres por la suya propia?

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Explícase la extraña conducta de Leonardo con Cecilia, por la grande influencia que sobre él ejercía su enérgica madre. Porque era cosa cierta que si del mozo habían huido todas las virtudes a la temprana edad de 22 años, como huyen las tímidas palomas del palomar herido por el rayo, no era menos cierto que aún calentaba su corazón marmóreo por el dulce amor filial. Doña Rosa se había averiguado por aquellos días la historia verdadera del nacimiento, bautizo, crianza y paternidad de Cecilia Valdés, contado ahora por María de Regla con el objeto de obtener el completo perdón de su pecados y alguna ayuda a favor de Dionisio, que seguía en estrecha prisión. Espantada dicha señora por el abismo a que había empujado a su hijo, le dijo con aparente calma: -Estaba pensando, Leonardito, que es hora que sueltes el peruétano de la muchachuela... ¿Qué te parece? -¡Jesús, mamá! - replicó escandalizado el joven -. Sería una atrocidad. -Sí, es preciso - añadió la madre en tono resuelto -. Ahora, a casarte con Isabel. -¿También esa? Isabel ya no me quiere. Tu has leído sus últimas cartas. En ellas no me habla de amores, habla únicamente de monjío. -¡Disparate! No hagas caso. Yo arreglo el negocio en dos palotadas. Han cambiado las cosas. Conviene que se case temprano el mayorazgo, siquiera no sea con otro fin que el de asegurar sucesión legítima para el título. A casarte con Isabel, digo. Por carta de don Cándido Tomás Ilincheta, pidió doña Rosa la mano de Isabel para su hijo Leonardo, heredero presunto del condado de Casa Gamboa.

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En respuesta, la presunta novia, acompañada de su padre, hermana y tía, vino a su tiempo a La Habana y desmontó en casa de sus primas, las señoritas Gámez. Quedó, pues, aplazado el matrimonio para los primeros días de noviembre , en la pintoresca Iglesia de Ángel, por ser la más decente, si no la más cercana a la feligresía propia. La primera de las tres velaciones regulares se corrió el primer día del mes de octubre, pasadas las ferias de San Rafael. No faltó quien comunicara a Cecilia la nueva del próximo enlace de su amante con Isabel Ilincheta. Renunciamos a pintar el tumulto de pasiones que despertó en el pecho de la orgullosa y vengativa mulata, Baste decir que la oveja, de hecho, se transformó en leona. Al oscurecer del 10 de noviembre llamó a la puerta de Cecilia un antiguo amigo suyo, a quien no veía desde su concubinaje con Leonardo. -¡José Dolores! -exclamó ella echándole los brazos al cuello, anegada en lágrimas-. ¿Qué buen ángel te envía a mí? -Vengo -repuso él con hosco semblante y tono de voz terrible-, porque me dio el corazón que Cecilia podía necesitarme. -¡José Dolores! ¡José Dolores de mi alma! Ese casamiento no debe efectuarse. -¿No? -No. -Pues cuente mi Cecilia que no se efectuará. Sin más se desprendió él de sus brazos y salió a la calle. Cecilia, a poco, con el pelo desmadejado y el traje suelto, corrió a la puerta y gritó de nuevo: -¡José! ¡José Dolores! ¡A ella, a él no!

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Inútil advertencia. El músico ya había doblado la esquina de la calle de las Damas. Ardían numerosos cirios y bujías en el altar mayor de la Iglesia del Santo Ángel Custodio. Algunas personas se veían de pie, apoyadas en el pretil de la ancha meseta en que terminan las dos escalinatas de piedra. Por la mira de la calle Compostela subía un grupo numeroso de señoras y caballeros cuyos carruajes quedaban abajo. Ponían lo novios el pie en el último escalón, cuando un hombre que venía por la parte contraria, con el sombrero calado hasta las orejas, cruzó la meseta en sentido diagonal y tropezó con Leonardo, en el esfuerzo de ganar antes que este el costado sur de la Iglesia, por donde al fin desapareció. Llevóse el joven la mano al lado izquierdo, dio un gemido sordo, quiso apoyarse en el brazo de Isabel, rodó y cayó a sus pies, salpicándole de sangre el brillante traje de seda blanco. Rozándole el brazo a la altura de la tetilla, le entró la punta del cuchillo camino derecho al corazón.

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Conclusión. Lejos de aplacar a Doña Rosa el convencimiento de que Cecilia Valdés era hija adúltera de su marido y medio hermana por ende de su desgraciado hijo, eso mismo pareció encenderla en ira y en el deseo desapoderado de venganza. Persiguió, pues, a la muchacha con verdadero encarnizamiento, y no le fue difícil hacer que la condenaran como cómplice en el asesinato de Leonardo, a un año de encierro en el hospital de Paula. Por estos caminos llegaron a reconocerse y a abrazarse la hija y la madre, habiendo esta recobrado el juicio, como suelen los locos, pocos minutos antes de que su espíritu abandonase la mísera envoltura humana. Por lo que hace a Isabel Ilincheta, desengañada de que no encontraría la dicha ni la quietud del alma en la sociedad dentro de la cual le tocó nacer, se retiró al convento de las monjas Teresas o carmelitas, y allí profesó al cabo de un año de noviciado.

María. Jorge Isaacs:

María . Jorge Isaacs

MARÍA (Jorge Isaacs):

MARÍA (Jorge Isaacs) FRAGMENTO Teniendo entre mis manos las trenzas de María y recostado en el sofá en que Emma le había oído sus postreras confidencias, dio las dos el reloj; él había medido también las horas de aquella noche angustiosa, víspera de mi viaje; él debía medir las de la última que pasé en la morada de mis mayores. Soñé que María era ya mi esposa: ese castísimo delirio había sido y debía continuar siendo el único deleite de mi alma: vestía un traje blanco vaporoso, y llevaba un delantal azul, azul como si hubiese sido formado de un jirón del cielo; era aquel delantal que tantas veces le ayudé a llenar de flores, y que ella sabía atar tan linda y descuidadamente a su cintura inquieta, aquel en que había yo encontrado envueltos sus cabellos: entreabrió cuidadosamente la puerta de mi cuarto, y procurando no hacer ni el más leve ruido con sus ropajes, se arrodilló sobre la alfombra, al pie del sofá: después de mirarme medio sonreída, cual si temiera que mi sueño fuese fingido, tocó mi frente con sus labios suaves como el terciopelo de los lirios del Páez: menos temerosa ya de mi engaño, dejóme aspirar un momento su aliento tibio y fragante; pero entonces esperé inútilmente que oprimiera mis labios con los suyos: sentóse en la alfombra, y mientras leía algunas de las páginas dispersas en ella, tenía sobre la mejilla una de mis manos que pendía sobre los almohadones: sintiendo ella animada esa mano, volvió hacia mí su mirada llena de amor, sonriendo como ella sola podía sonreír; atraje sobre mi pecho su cabeza, y reclinada así, buscaba mis ojos mientras le orlaba yo la frente con sus trenzas sedosas o aspiraba con deleite su perfume de albahaca. Un grito, grito mío, interrumpió aquel sueño: la realidad lo turbaba celosa como si aquel instante hubiese sido un siglo de dicha. La lámpara se había consumido; por la ventana penetraba el viento frío de la madrugada; mis manos estaban yertas y oprimían aquellas trenzas, único despojo de su belleza, única verdad de mi sueño.

Lilith:

Lilith

El mito de Lilith:

El mito de Lilith Lilith fue la primera esposa de Adán, bien antes de la creación de Eva. Ella hubo sido creada junto con el hombre para ser su ayudante, como el Torah afirma "Mujer y Hombre él los creó." Pero, Lilith no ajustó como compañía para Adán. Había poco en lo que Adán podía convenir en su intento de aparearse con Lilith, Adán pidió estar arriba, pero Lilith se negó "Fuimos creados iguales, y entonces debemos hacerlo en posiciones iguales". Adán replicó que él, siendo la imagen de Elohim, no se detendría a tal nivel de igualarse con Lilith, quien era simplemente una de tantas bestias en el campo creada para ayudarle, y de esa forma sería como ella permanecería siempre. Lilith, fue más de lo que Adán había imaginado. Ella fue con Yahweh, y usó sus destrezas en seducción con él. Yahweh, conocido por su tacto suave ante las mujeres, fue finalmente conducido a revelarle su nombre sagrado, y así Lilith pronunció el nombre divino, y voló lejos del Jardín y de Adán para siempre. Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta éstos días se encuentra. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y desova muchos miles de demonios niños, ella fue llamada Madre de los Demonios, —esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios.

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Adán, mientras tanto, halló que él lamentaba la partida de Lilith. Fue con Yahweh y expuso su caso pidiendo el retorno de Lilith. Yahweh concordó que una criatura del Edén no debería partir tan fácil del reino, y dispuso tres ángeles para recobrarla. Éstos tres, Senoy, Sansenoy, y Semangelof, pronto encontraron a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yahweh. Si se rehusaba, le informaron, matarían a un ciento de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar. Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor inflingido, mataría a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte días y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su semen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día. Lilith no fue tan visceral. Hizo otra promesa, donde quiera que viera expuestos los nombres de esos tres ángeles opuestos a ella, nadie en ese lugar estaría en peligro de sus acciones.

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