logging in or signing up En el fondo del jardín aSGuest29958 Download Post to : URL : Related Presentations : Share Add to Flag Embed Email Send to Blogs and Networks Add to Channel Uploaded from authorPOINT lite Insert YouTube videos in PowerPont slides with aS Desktop Copy embed code: (To copy code, click on the text box) Embed: URL: Thumbnail: WordPress Embed Customize Embed The presentation is successfully added In Your Favorites. Views: 138 Category: Entertainment License: All Rights Reserved Like it (0) Dislike it (0) Added: October 31, 2009 This Presentation is Public Favorites: 0 Presentation Description No description available. Comments Posting comment... Premium member Presentation Transcript En el fondo del jardín : En el fondo del jardín Elsa Bornemann Slide 2: Pidió que lo acompañaran a dar una última vuelta por su bello jardín. Del brazo de una enfermera —entonces— con sus pasos inseguros y los ojos nublados, el viejo Efraín fue despidiéndose de cada una de sus plantas, de cada uno de sus árboles. Conmovidos, los nuevos inquilinos de la casona lo vieron andar a través de los caminitos, detenerse junto a algunos canteros, murmurar sobre algunas ramas floridas, acariciar hojas y troncos. Slide 3: —Él mismo plantó todo —les comentó el dueño de la propiedad, mientras se abanicaba con el flamante contrato de alquiler. —Me contaron mis padres que —hace cincuenta años, cuando le arrendaron la casa— este lugar no era más que una especie de potrerito... Él lo transformó en jardín con la asistencia de su mujer, que Dios la tenga en la gloria... —¿Y a dónde lo llevan ahora? —preguntó Damián, el hijo de la familia que —al día siguiente— iba a mudarse a esa vivienda. Slide 4: —A un establecimiento para enfermos mentales... Los vecinos denunciaron que está medio loco el pobre... Y aunque es muy tranquilo, no es posible dejarlo acá... No tiene parientes y... Unos silbidos del viejo y su voz temblorosa llamando al chico, interrumpieron la charla. —¿Es a mí al que necesita, abuelo? —gritó Damián, ya que el anciano se encontraba al fondo del jardín, a unos veinte metros de ellos. Slide 5: —Sí, querido —le contestó la enfermera. —Don Efra desea decirte algo antes de irse... De inmediato, el chico correteó hasta su lado. Entonces, la enfermera ayudó al viejo a sentarse en un banco de piedra —ubicado junto a una vigorosa y extraña planta que parecía ser su preferida— y se alejó un trecho. Mientras se tocaba la sien con un dedo índice en movimiento, giratorio y entre risitas apenas contenidas, le dijo al chico: —Va a confiarte un maravilloso secreto. Me ordenó que los deje solos durante un ratito nomás... Espero que lo escuches con mucha atención, ¿entendiste? —y le guiñó un ojo. Slide 6: Damián se fastidió. Ya había sido suficiente para él con que la enfermera hubiera tratado de informarle que el viejito no estaba en sus cabales, mediante esa inequívoca señal que indica que alguien es chiflado, como para que dudara de su comprensión al punto de hacerle —también— una guiñada. Además, ¿por qué creía ella que un secreto maravilloso era síntoma de locura? Slide 7: Y cuando Don Efraín le confió aquél —digno de figurar en las páginas de los cuentos fantásticos que tanto le gustaban— Damián sintió que le hubiera encantado ser su nieto. Poco más tarde —cuando la ambulancia que trasladaba al anciano partió rumbo al manicomio municipal— nadie advirtió que los ojitos del muchacho estaban tan nublados como los del casi centenario ex-jardinero. Slide 8: —¿Qué te contó, Dami? —le preguntaron sus padres —lógicamente intrigados— durante el trayecto en taxi hacia el departamento que —hasta esa jornada— era su casa. Inútil la insistencia por conocer las palabras que Don Efraín había confiado a su hijo. —Es un secreto... —les repetía el chico— ...un secreto maravilloso... Slide 9: Ya había pasado un mes desde la mudanza del estrecho dos ambientes que ocupaban a partir de su casamiento, a la amplia casona, cuando la mamá de Damián descubrió el baldecito de juegos de su hijo que el nene conservaba oculto en el galpón del jardín. Entre las mangueras estaba; tapado con una lona; abajo de la estantería donde habían quedado las herramientas, los frascos de fertilizantes vegetales y los tachos de abono de Don Efraín. Slide 10: Se dio cuenta de que el nene lo había escondido intencionalmente al ver el contenido. No pudo reprimir una exclamación de horror al comprobar que el balde estaba lleno de sangre. Slide 11: —¡No hay secreto maravilloso que valga, Damián! Papá y yo estamos furiosos y —aunque nunca te pegamos— te juro que yo misma voy a sacudirte a zapatillazos en la cola hasta que nos cuentes qué significa esa sangre fresca que recolectaste en tu balde; y de quién es, y para qué diablos la pusiste ahí en el galpón ¡y por qué! Slide 12: La madre estaba muy inquieta tras el impresionante hallazgo. El padre, de miradas amenazantes, de esas que duelen como latigazos; acaso mucho más efectivas que cualquier discurso cuando uno transita la infancia y experimenta una muda impotencia frente al razonamiento de los adultos. Sin embargo, Damián resistió todo lo que pudo. Su ser se rebelaba ante la inminencia de la traición a la promesa que le había hecho a Don Efraín. Slide 13: Su mamá empezaba a quebrar su silencio con la contundencia del cachetazo, cuando el chico no soportó más esa situación que consideraba injusta y les gritó: —¡Párenla de una vez! ¡No aguanto más! ¡Mi secreto es maravilloso y lo seguirá siendo aunque me pelen a tortazos! ¡Pero sé que no van a creerlo! Y tenía razón, aunque sus mayores no lo admitieran. Porque los padres se rieron cuando —por fin— su hijo les refirió —de pe a pa— todo lo que Efra le había revelado. Slide 14: —¡Ay, Dami; por qué no nos dijiste esto antes...! ¡Qué amargura nos hubieses evitado, ese viejo está loco! ¿Así que nada menos que una mandrágora te encargó que cuidaras? ¿Y la regaban con sangre de la carne que yo compro?, ¡aj! Ahora mismo vamos a arrancar esa planta del jardín. Será muy atractiva y no es responsable de los delirios de un insano, pero ya vas a ver como hoy se termina tu asqueante tarea, hijo. De raíz la vamos a sacar y listo. Slide 15: —¡No! ¡Nooooooooo! ¡No la dañen! ¡No la toquen! ¡Noooooooo! —gritaba Damián, a la par que sus padres se dirigían —palas en manos— dispuestos a desalojar de la casa al vigoroso y extraño vegetal que se erguía junto al banco de piedra del fondo. La lluvia empezaba a ablandar la tierra, como para simplificarles la tarea de remover de su sitio al añoso ejemplar verde. Slide 16: Y llovió y llovió mientras que el chico insistía para que no lo hicieran y sus padres punteaban y cavaban en derredor de la planta, desoyendo sus advertencias. Cuando la policía llegó a la casona y allanó el domicilio (convocada al lugar por el vecindario que se había alarmado al escuchar los gritos de Damián —primero— y otros escalofriantes y no humanos —después— entremezclados con los del matrimonio) se las tuvo que arreglar como pudo ante tamaño espanto. Slide 17: De piernas y torsos semi hundidos en el barro del fondo del jardín que habían removido, medio enredados entre el follaje de una planta que mostraba al aire sus raíces y estrangulados por sus ramas, yacían los padres del niño. ¿Y él? Desmayado sobre el pasto, próximo a sus cuerpos y con una mueca de terror en los labios. —Pero ¿qué caracho pasó acá?, esto es un miserable yuyo... —opinó el comisario a cargo de la investigación del misterioso episodio. Slide 18: Sin embargo, se asombró muchísimo cuando observó la raíz, que reproducía —con exactitud— las formas del esqueleto de un hombre... Slide 19: El caso fue caratulado como "muertes dudosas". Sin embargo, los médicos forenses habían asegurado que allí lo único dudoso —y “muy”— era el motivo que las había causado. Si bien no podía negarse que ambos esposos habían sido víctimas de sendos ataques al corazón, repentinos y fulminantes, no lograban convencerse de la causa, de esa versión de Damián, disparatada como pocas. Slide 20: Damián —único testigo visual de lo ocurrido— sólo pudo contar lo que le había tocado —por desgracia— presenciar, recién una vez que se recuperó —en parte— del tremendo shock nervioso, bajo cuyos efectos lo había encontrado la policía. Y el nene reiteraba —entrecortadamente— que a sus padres los había asesinado esa planta del fondo del jardín, que era una mandrágora a la que jamás debían de haber arrancado porque existía una maldición que recaía sobre quien lo intentara: la muerte irremisible. Slide 21: Los vecinos —en tanto— dijeron que no sólo habían oído los desesperados gritos del chico y del desdichado matrimonio sino otros, espantosos, como de ultratumba. —¡Eran los de la mandrágora! —repetía Damián alterado. —¡Lanzó un aullido de los infiernos cuando mis padres tiraron con fuerza y la sacaron de raíz! ¡Es una planta mágica, pregúntenle a Don Efraín! Slide 22: La policía consideró prudente no acosar más al pequeño, que fue entregado a la tutela de sus tíos. El comisario —entretanto— continuaba intrigado por toda la historia y —a pesar de que sabía que iba a interrogar a un demente— decidió visitar a Don Efraín. El viejo se mostró muy consternado cuando se enteró de la tragedia. Dijo una cantidad de incoherencias y lloró bastante hasta que estuvo en condiciones de referirse a la maldita planta. Slide 23: —Claro que era una mandrágora, ignorantes. ¿Por qué se burlan de mí? ¿Acaso no murió el matrimonio cuando quiso arrancarla? Nunca, nunca, debieron hacerlo... Y eso que yo le dije al chico que... ¿La habrá regado con sangre cada tres días, tal como le indiqué? [...] No, yo no la planté. Ya crecía entre los matorrales del fondo cuando alquilé aquella casa... La reconocí de inmediato y alerté a mi mujer acerca del peligro que representaba si tratábamos de arrancarla pero —también— de la salud y felicidad que traía a quien la atendiera amorosamente. Y fue ella la encargada de regarla... hasta que la perdí a mi pobre vieja... Slide 24: Tres veces por semana lo hacía, exprimiendo carne de vaca, de chivo, de murciélagos, bah, de lo que consiguiéramos... porque —antiguamente— su tierra era fertilizada con los hilos de sangre que caían desde la boca de los ahorcados... Esa misma sangre que la había hecho brotar por primera vez... como por arte de magia... Sus raíces albergaron las almas de los ajusticiados allí, por eso tenía que ser intocable... Slide 25: El comisario tuvo que reprimir sensaciones de incredulidad y repulsa ante lo que estaba escuchando y fingir un absoluto crédito hacia las palabras del viejo. Así fue como Don Efraín completó su relato. Días más tarde, el comisario comprobó que en el terreno donde ahora se levantaba la casona en la que había ocurrido la desgracia había existido —en el siglo pasado— un patíbulo. Slide 26: Decenas de personas fueron a parar a su horca, instalada en el sitio justo donde había fructificado aquella planta que el viejo se empeñaba en catalogar como "la mandrágora" y de la que —acaso— también crezca un ejemplar en nuestro propio jardín. Lo que es yo, ni por todo el oro del mundo me animo a arrancar un arbusto desconocido... You do not have the permission to view this presentation. In order to view it, please contact the author of the presentation.
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Del brazo de una enfermera —entonces— con sus pasos inseguros y los ojos nublados, el viejo Efraín fue despidiéndose de cada una de sus plantas, de cada uno de sus árboles. Conmovidos, los nuevos inquilinos de la casona lo vieron andar a través de los caminitos, detenerse junto a algunos canteros, murmurar sobre algunas ramas floridas, acariciar hojas y troncos. Slide 3: —Él mismo plantó todo —les comentó el dueño de la propiedad, mientras se abanicaba con el flamante contrato de alquiler. —Me contaron mis padres que —hace cincuenta años, cuando le arrendaron la casa— este lugar no era más que una especie de potrerito... Él lo transformó en jardín con la asistencia de su mujer, que Dios la tenga en la gloria... —¿Y a dónde lo llevan ahora? —preguntó Damián, el hijo de la familia que —al día siguiente— iba a mudarse a esa vivienda. Slide 4: —A un establecimiento para enfermos mentales... Los vecinos denunciaron que está medio loco el pobre... Y aunque es muy tranquilo, no es posible dejarlo acá... No tiene parientes y... Unos silbidos del viejo y su voz temblorosa llamando al chico, interrumpieron la charla. —¿Es a mí al que necesita, abuelo? —gritó Damián, ya que el anciano se encontraba al fondo del jardín, a unos veinte metros de ellos. Slide 5: —Sí, querido —le contestó la enfermera. —Don Efra desea decirte algo antes de irse... De inmediato, el chico correteó hasta su lado. Entonces, la enfermera ayudó al viejo a sentarse en un banco de piedra —ubicado junto a una vigorosa y extraña planta que parecía ser su preferida— y se alejó un trecho. Mientras se tocaba la sien con un dedo índice en movimiento, giratorio y entre risitas apenas contenidas, le dijo al chico: —Va a confiarte un maravilloso secreto. Me ordenó que los deje solos durante un ratito nomás... Espero que lo escuches con mucha atención, ¿entendiste? —y le guiñó un ojo. Slide 6: Damián se fastidió. Ya había sido suficiente para él con que la enfermera hubiera tratado de informarle que el viejito no estaba en sus cabales, mediante esa inequívoca señal que indica que alguien es chiflado, como para que dudara de su comprensión al punto de hacerle —también— una guiñada. Además, ¿por qué creía ella que un secreto maravilloso era síntoma de locura? Slide 7: Y cuando Don Efraín le confió aquél —digno de figurar en las páginas de los cuentos fantásticos que tanto le gustaban— Damián sintió que le hubiera encantado ser su nieto. Poco más tarde —cuando la ambulancia que trasladaba al anciano partió rumbo al manicomio municipal— nadie advirtió que los ojitos del muchacho estaban tan nublados como los del casi centenario ex-jardinero. Slide 8: —¿Qué te contó, Dami? —le preguntaron sus padres —lógicamente intrigados— durante el trayecto en taxi hacia el departamento que —hasta esa jornada— era su casa. Inútil la insistencia por conocer las palabras que Don Efraín había confiado a su hijo. —Es un secreto... —les repetía el chico— ...un secreto maravilloso... Slide 9: Ya había pasado un mes desde la mudanza del estrecho dos ambientes que ocupaban a partir de su casamiento, a la amplia casona, cuando la mamá de Damián descubrió el baldecito de juegos de su hijo que el nene conservaba oculto en el galpón del jardín. Entre las mangueras estaba; tapado con una lona; abajo de la estantería donde habían quedado las herramientas, los frascos de fertilizantes vegetales y los tachos de abono de Don Efraín. Slide 10: Se dio cuenta de que el nene lo había escondido intencionalmente al ver el contenido. No pudo reprimir una exclamación de horror al comprobar que el balde estaba lleno de sangre. Slide 11: —¡No hay secreto maravilloso que valga, Damián! Papá y yo estamos furiosos y —aunque nunca te pegamos— te juro que yo misma voy a sacudirte a zapatillazos en la cola hasta que nos cuentes qué significa esa sangre fresca que recolectaste en tu balde; y de quién es, y para qué diablos la pusiste ahí en el galpón ¡y por qué! Slide 12: La madre estaba muy inquieta tras el impresionante hallazgo. El padre, de miradas amenazantes, de esas que duelen como latigazos; acaso mucho más efectivas que cualquier discurso cuando uno transita la infancia y experimenta una muda impotencia frente al razonamiento de los adultos. Sin embargo, Damián resistió todo lo que pudo. Su ser se rebelaba ante la inminencia de la traición a la promesa que le había hecho a Don Efraín. Slide 13: Su mamá empezaba a quebrar su silencio con la contundencia del cachetazo, cuando el chico no soportó más esa situación que consideraba injusta y les gritó: —¡Párenla de una vez! ¡No aguanto más! ¡Mi secreto es maravilloso y lo seguirá siendo aunque me pelen a tortazos! ¡Pero sé que no van a creerlo! Y tenía razón, aunque sus mayores no lo admitieran. Porque los padres se rieron cuando —por fin— su hijo les refirió —de pe a pa— todo lo que Efra le había revelado. Slide 14: —¡Ay, Dami; por qué no nos dijiste esto antes...! ¡Qué amargura nos hubieses evitado, ese viejo está loco! ¿Así que nada menos que una mandrágora te encargó que cuidaras? ¿Y la regaban con sangre de la carne que yo compro?, ¡aj! Ahora mismo vamos a arrancar esa planta del jardín. Será muy atractiva y no es responsable de los delirios de un insano, pero ya vas a ver como hoy se termina tu asqueante tarea, hijo. De raíz la vamos a sacar y listo. Slide 15: —¡No! ¡Nooooooooo! ¡No la dañen! ¡No la toquen! ¡Noooooooo! —gritaba Damián, a la par que sus padres se dirigían —palas en manos— dispuestos a desalojar de la casa al vigoroso y extraño vegetal que se erguía junto al banco de piedra del fondo. La lluvia empezaba a ablandar la tierra, como para simplificarles la tarea de remover de su sitio al añoso ejemplar verde. Slide 16: Y llovió y llovió mientras que el chico insistía para que no lo hicieran y sus padres punteaban y cavaban en derredor de la planta, desoyendo sus advertencias. Cuando la policía llegó a la casona y allanó el domicilio (convocada al lugar por el vecindario que se había alarmado al escuchar los gritos de Damián —primero— y otros escalofriantes y no humanos —después— entremezclados con los del matrimonio) se las tuvo que arreglar como pudo ante tamaño espanto. Slide 17: De piernas y torsos semi hundidos en el barro del fondo del jardín que habían removido, medio enredados entre el follaje de una planta que mostraba al aire sus raíces y estrangulados por sus ramas, yacían los padres del niño. ¿Y él? Desmayado sobre el pasto, próximo a sus cuerpos y con una mueca de terror en los labios. —Pero ¿qué caracho pasó acá?, esto es un miserable yuyo... —opinó el comisario a cargo de la investigación del misterioso episodio. Slide 18: Sin embargo, se asombró muchísimo cuando observó la raíz, que reproducía —con exactitud— las formas del esqueleto de un hombre... Slide 19: El caso fue caratulado como "muertes dudosas". Sin embargo, los médicos forenses habían asegurado que allí lo único dudoso —y “muy”— era el motivo que las había causado. Si bien no podía negarse que ambos esposos habían sido víctimas de sendos ataques al corazón, repentinos y fulminantes, no lograban convencerse de la causa, de esa versión de Damián, disparatada como pocas. Slide 20: Damián —único testigo visual de lo ocurrido— sólo pudo contar lo que le había tocado —por desgracia— presenciar, recién una vez que se recuperó —en parte— del tremendo shock nervioso, bajo cuyos efectos lo había encontrado la policía. Y el nene reiteraba —entrecortadamente— que a sus padres los había asesinado esa planta del fondo del jardín, que era una mandrágora a la que jamás debían de haber arrancado porque existía una maldición que recaía sobre quien lo intentara: la muerte irremisible. Slide 21: Los vecinos —en tanto— dijeron que no sólo habían oído los desesperados gritos del chico y del desdichado matrimonio sino otros, espantosos, como de ultratumba. —¡Eran los de la mandrágora! —repetía Damián alterado. —¡Lanzó un aullido de los infiernos cuando mis padres tiraron con fuerza y la sacaron de raíz! ¡Es una planta mágica, pregúntenle a Don Efraín! Slide 22: La policía consideró prudente no acosar más al pequeño, que fue entregado a la tutela de sus tíos. El comisario —entretanto— continuaba intrigado por toda la historia y —a pesar de que sabía que iba a interrogar a un demente— decidió visitar a Don Efraín. El viejo se mostró muy consternado cuando se enteró de la tragedia. Dijo una cantidad de incoherencias y lloró bastante hasta que estuvo en condiciones de referirse a la maldita planta. Slide 23: —Claro que era una mandrágora, ignorantes. ¿Por qué se burlan de mí? ¿Acaso no murió el matrimonio cuando quiso arrancarla? Nunca, nunca, debieron hacerlo... Y eso que yo le dije al chico que... ¿La habrá regado con sangre cada tres días, tal como le indiqué? [...] No, yo no la planté. Ya crecía entre los matorrales del fondo cuando alquilé aquella casa... La reconocí de inmediato y alerté a mi mujer acerca del peligro que representaba si tratábamos de arrancarla pero —también— de la salud y felicidad que traía a quien la atendiera amorosamente. Y fue ella la encargada de regarla... hasta que la perdí a mi pobre vieja... Slide 24: Tres veces por semana lo hacía, exprimiendo carne de vaca, de chivo, de murciélagos, bah, de lo que consiguiéramos... porque —antiguamente— su tierra era fertilizada con los hilos de sangre que caían desde la boca de los ahorcados... Esa misma sangre que la había hecho brotar por primera vez... como por arte de magia... Sus raíces albergaron las almas de los ajusticiados allí, por eso tenía que ser intocable... Slide 25: El comisario tuvo que reprimir sensaciones de incredulidad y repulsa ante lo que estaba escuchando y fingir un absoluto crédito hacia las palabras del viejo. Así fue como Don Efraín completó su relato. Días más tarde, el comisario comprobó que en el terreno donde ahora se levantaba la casona en la que había ocurrido la desgracia había existido —en el siglo pasado— un patíbulo. Slide 26: Decenas de personas fueron a parar a su horca, instalada en el sitio justo donde había fructificado aquella planta que el viejo se empeñaba en catalogar como "la mandrágora" y de la que —acaso— también crezca un ejemplar en nuestro propio jardín. Lo que es yo, ni por todo el oro del mundo me animo a arrancar un arbusto desconocido...